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Los Medios de Comunicación Social y las Drogas: entre la Publicidad y el Control Social


Amando Vega Fuente

Departamento de Didáctica y Organización Escolar

Universidad del País Vasco

topvefua@sf.ehu.es






NOTA

Este artículo apareció publicado por primera vez en el libro Normas y culturas en la construcción de la "Cuestión Droga" (Comp.: X. Arana, R. del Olmo) publicado en Barcelona en 1996 por la Editorial Hacer. El artículo se reproduce con la autorización de los poseedores de la Propiedad Intelectual a efectos de difusión de la investigación. Queda expresamente prohibida la difusión de copias impresas de este texto.

Este libro recoge los trabajos presnetados en el seminario internacional celebrado el 23 y 24 de Junio de 1994, organizado en el Instituto Internacional de Sociología Jurídica de Oñati (Guipúzcoa). El libro completo puede adquirirse a través de librerías especializadas.



Resumen

Aunque la problemática de las drogas suele ocupar un lugar preminente en los medios de comunicación social, conviene analizar críticamente su sentido. Se constata así que, mientras los medios de comunicación social sirven de soporte para todo tipo de campañas 'preventivas', estos mismos medios hacen publicidad tanto directa como indirecta de todo tipo de drogas al mismo tiempo que con su información refuerzan los valores establecidos, convirtiéndose así en un poderoso recurso de control social.


Contenido


  1. Las drogas en los medios de comunicación social

  2. Las campañas informativas o la problemática de la información

  3. El poder controlador de la publicidad

  4. Responsabilidad educativa de los medios de comunicación social




Presentación


No se puede olvidar que los medios de comunicación suelen ser la principal fuente de información sobre drogas, sobre todo, de la gente joven (Edis, 1981; Elzo y otros, 1987; Escamez y otros, 1990...) y que, al mismo tiempo, éstos constituyen un poderoso instrumento de influencia en la conducta de la gente. Las instituciones públicas y privadas lo saben muy bien y recurren con facilidad a sus servicios, a pesar de los costes económicos, para poder conseguir sus objetivos.

Pero su poder puede ser utilizado tanto para el bien como para el mal. Pasa lo mismo que con las drogas; no son ni buenas ni malas; todo depende del uso que hagamos de ellas. Es lo que nos dice Huxley (1980): " la comunicación en masa, en pocas palabras, no es ni buena ni mala; es simplemente una fuerza y, como toda fuerza, puede ser bien y mal utilizada".

Al mismo tiempo, conviene recordar algunas de las críticas que Toussaint (1981) lanza en relación con las comunicaciones inadvertidas en las comunicaciones pasivas: desinformación en vez de información verdadera; se capta la información material de la imagen ( la "representación") como si fuese auténtica, mientras se presente la cosa deformada. Masificación: se forma parte de una multitud mentalmente gregaria y, por ende, despersonalizada; se trata de una verdadera esclavitud mental.

Por otra parte, la problemática de las drogas, sobre todo de las ilegales, se presta con facilidad a todo tipo de manipulación ideológica y política. En este sentido, la información sobre las drogas se convierte en un instrumento más de manipulación y control social. La historia de las drogas aporta elementos suficientes para demostrar esta tesis. Resulta evidente que las principales fuentes de información sobre las drogas, proceden servicios controladores de la sociedad: jueces y policías. Se ofrece, entonces, una información con unas características muy especiales, al responder a una problemática social desde una perspectiva muy concreta. Con un análisis más profundo se descubre con facilidad una grave desinformación ofrecida por parte de los medios llamados de información social, al orientar las noticias sobre las drogas hacia aspectos muy concretos tratados desde enfoques parciales.

Todo esto nos hace ver la necesidad de reflexionar sobre el papel de los medios de comunicación social en relación con la droga. Una buena utilización de este recurso puede facilitar el avance en la solución de la problemática de las drogas. Una mala utilización, puede agravar todavía más los problemas ya existentes. Está claro, como señala la Unesco (1972), que los medios de información representan un poderoso medio de acción para formar actitudes y transmitir conocimientos en materia de drogas.

Tras los contenidos y actitudes específicos relacionados con las drogas, se ocultan valores e intereses de la cultura dominante, por lo que los medios de comunicación social se convierten en su relación con la problemática de las drogas en un medio más de control social. Pues, como señala Aniyar (1987) el control social no es otra cosa que un despliegue de tácticas, estrategias y fuerzas para la construcción de la hegemonía, esto es, para la búsqueda de la legitimación o aseguramiento del consenso; o en su defecto, para el sometimiento forzado de los que no se integran en la ideología dominante.

En este trabajo, se presentará, en primer lugar, la imagen de las drogas que suelen presentar los medios de comunicación social, tanto en la noticia como en las campañas o en la publicidad, para, en segundo lugar, esbozar su responsabilidad educativa en la sociedad.


1. Las drogas en los medios de comunicación social


De entrada, conviene señalar la existencia de posturas muy dispares a la hora de valorar el papel de los medios de comunicación social ante las drogas. Así mientras para unos "es innegable que han realizado una excelente labor desde el punto de vista de informar, concienciar y sensibilizar a la sociedad" (Gonzalez-Hontoria, 1994) para otros, el tratamiento informativo del tema "drogas" es superficial y cargado de prejuicios, donde la noticia es una mercancía de cara a la ventas y los índices de audiencia (Ferrer, Dacosta, 1994).

Aunque sean pocos los estudios realizados hasta ahora sobre el contenido de drogas en los medios de comunicación social, no faltan trabajos que nos aportan datos expresivos, suficientes para nuestra reflexión crítica. Estos trabajos, aunque suelen estar centrados en la prensa escrita, pueden servir de referencia general, ya que los diferentes medios de comunicación social están interrelacionados entre sí.

En el primer trabajo de análisis de contenido de la prensa española (1970-1976) realizado sobre la temática de las drogas (Mendoza, Sagrera, Vega, 1978), puede verse que la prensa del año 1970 trata el tema de las drogas de forma alarmista con calificaciones de "vicio", "plaga", "negocio criminal", "situación alarmante",... Al mismo tiempo se hace ver "la impotencia de los padres" y sus "temores" a que sus hijos sean inducidos a tomar las drogas. Se asocia el consumo de drogas principalmente con los jóvenes, después a los adolescentes y a los niños. Existe no poca confusión a la hora de hablar de los efectos y se trata con desprecio al drogadicto, con escasas referencias al intento de buscar soluciones al problema.

Sin embargo, en el año 1973 se aprecia una información menos alarmista, con actitudes más realistas y objetivas. Aparece también cierta actitud desmitificadora. Hay que destacar la información sobre reacciones de los padres de los drogadictos con posturas negativas: "avisar a la policía" o "echar al hijo de casa", que favorecen el sentimiento de impotencia de los padres. Se concede gran importancia a las medidas preventivas y educativas para evitar la extensión del consumo así como a la necesidad de llevar a cabo acciones sobre los proios drogadictos, aunque se destaca la importancia de las medidas represivas y legales.

La información que aparece en la prensa en el año 1976 alterna actitudes realistas con actitudes alarmistas. Aparece un intento de dar una información objetiva y se observa la presencia de una actitud desmitificadora frente a la drogas ilegales, al destacar la existencia de otras drogas como el tabaco, el alcohol y los fármacos. En este año tienen primacia las informaciones que intentan proporcionar soluciónes frente al consumo de drogas y se concede la misma importancia a las medidas preventivas y legales. Se empieza tratar al drogadicto como un enfermo al mismo tiempo que se tiene en cuenta cada droga como sustancia diferente.

Estas posiciones contradictorias de los medios de comunicación social no parecen mejorar con el transcurrir de los años. A pesar de los debates en torno a esta temática, los medios de comunicación social siguen actuando, en general, con sus planteamientos cargados de imprecisiones y sensacionalismos, tras lo que se oculta el mantenimiento de los valores ya establecidos.

En el análisis de contenido de la prensa escrita del año 1985 de la Comunidad Autónoma Vasca (Caballero y otros, 1987), la droga ilegal aparece como problema social, marginal a la sociedad, subjetivamente dramático, no como una patología susceptible de diagnóstivo objetivo, y vinculado a la criminalidad, mientras que las "drogas legales" ( alcohol y tabaco), con una abundante publicidad, no se las considera como droga, siendo consideradas como un signo de distinción. Esta actuación de la prensa contrasta con la realidad del problema de las drogas, al ser las drogas legales las más consumidas y las que, en definitiva más perjuicios personales y sociales producen.

En esta misma línea, resultan expresivas las conclusiones a las que llega el estudio sobre la imagen de la drogadicción en la prensa española, llevado a cabo por el Plan nacional sobre drogas (Prieto, 1987), entre las que cabe destacar:

En el estudio de Costa y Pérez(1989) sobre la droga en la televisión los principales valores asociados a la información son:

En el análisis de contenido sobre la prensa gallega (Camba y otros, 1990) los artículos relacionados con el "tráfico-comercio-redes" dominan sobre otros aspectos relacionados con el problema de las drogas. Destaca, por otra parte, el confusionismo y la "borrachera informativa", pues el lector no consigue profundizar en lo que se dice interpretando forma por contenidos.

Del Rio (1991), en su estudio sobre la información sobre problemas sociales en España, muestra cómo en caso de la "drogadicción" pesan más las noticias "blandas" (aquellas cuya importancia está determinada por la que les atribuye la audiencia) que las "duras" (importancia objetiva).

Se constata, pues, que el tratamiento informativo que las medios de comunicación social hacen de las drogas "revela un proceso de distorsión" que, como justifica Oliva (1986), se inicia en las propias fuentes que facilitan las noticias y se consuma en el proceso periodístico, de tal modo que la visión final que se ofrece del problema no se corresponde con la realidad que la sustenta. A conclusiones parecidas llega la Conferencia organizada por la Comisión "Droga-delincuencia" con participación de diferentes profesionales al considerar el tratamiento informativo de las"drogas" como superficial y lleno de prejucios, motivada por la falta de independencia de los medios así como por la carencia de periodistas especializados en el tema (Ferrer y Dacosta, 1994).

El encadenado droga-delicuencia-inseguridad ciudadana sigue presente en los medios de comunicación social, apoyada en diferentes sucesos y en datos extraidos de diferentes trabajos, a veces sin la más mínima comprensión del mismo (Vega y otros, 1984). Y esta información está centrada, sobre todo, en las drogas ilegales, por lo que se puede recordar aquí la ley de Young (1973) que señala: "cuanto mayor es el verdadero peligro para la salud pública (n. de muertos) de una sustancia psicotrópica, menos es la cantidad y la calidad de información (incluida sus contradicciones) que se dedica a la crítica de sus efectos". Aunque hoy parece existir un preocupación por los efectos del alcohol en los jóvenes, todo parece responder a una moda pasajera lanzada y explotada por los propios medios de comunicación social (la ruta del bacalao) que han contribuido desde mi punto de vista más a su difusión que a un compromiso con medidas coherentes de actuación.

En líneas generales, se pueden sostener las conclusiones del Congreso mundial Vasco (1988), en relación con el tratamiento que los medios de comunicación social hacen de las drogodependencias:



2. Las campañas informativas o la problemática de la información


A pesar de la parcialidad con que se trata todo lo relacionado con las drogas en los medios de comunicación social, vemos cómo la administración y otras instituciones dedicadas a la problemática de las drogas recurren con facilidad a los medios de comunicación para transmitir su información y utilizan sus recursos para campañas relacionadas con las drogas, más o menos puntuales.

En nuestro país, todavía parece que no hemos superado esta fase informativa, cuando se sigue recurriendo al desarrollo de campañas generales sobre drogas que, en ocasiones, agravan la angustia de los familiares, provocando un mayor control más que un replanteamiento de su compromiso educativo. El mismo Plan Nacional sobre Drogas (1987) señala en relación con las campañas:

"Se considera que es muy difícil encontrar un mensaje que sea cierto, indiscutible, comprensible para todos y universalmente preventivo, teniendo en cuenta la complejidad del tema y la heterogeneidad de los receptores probables del mensaje".

Estas campañas no se pueden justificar por la propia demanda de la población, que en ocasiones las consideran como una de las medidas mas eficaces (Edis, 1986), dada la visión distorsionada de la problemática de las drogas motivada por la falta de una reflexión especifíca sobre el tema así como por la influencia de los propios medios de información.

Estas campañas parecen servir más de justificación política que de un auténtico compromiso con el problema de las drogas, pues normalmente responden a momentos muy concretos (Camba y otros, 1990), sin una integración dentro de una estrategia más amplia. Las campañas se convierten en muchas ocasiones en un "rito institucional" que se repite cada año, más preocupados por mostrar una preocupación por las drogas de parte de las instituciones que por conseguir unos objetivos muy concretos. Resulta curioso que la evaluación de los resultados suele centrarse en el recuerdo del mensaje de la campaña y en el conocimento de la población de la institución responsable, con "deseos y necesidadades de crear imagen" (Funes, 1991) o "conocer la imagen existente de la fundación" (Inner, 1991).

Resulta de gran interés analizar relativos a la evaluación de las campañas por la ambiguedad de su mensaje así como por la riqueza de datos aportados si se realiza una lectura más en profundidad. Así se puede leer en uno de ellos al considerar el objetivo general de "evaluar el impacto de las campañas": " las campañas no habían sido evaluadas hasta el momento presente, desconociéndose por tanto no sólo su incidencia en actitudes, conductas y conocimientos sobre el tema de las drogas, sino también el impacto de las mismas, medidos en términos de recuerdo, elementos relevantes, mensajes percibidos, etc...No obstante...se dedició... limitar los objetivos a la medición del impacto, entendiendo por tal el recuerdo de las campañas y los elementos que componen cada una de ellas, así como los mensajes percibidos" (Inner, 1991).

En el estudio de valoración de una campaña publicitaria del Plan Nacional sobre Drogas (Synapse, 1990), como conclusión se recoge que "su recuerdo es escaso...la mayor parte de lo que consiguen recuperarl, no la identifican, en concreto con el Ministerio de Sanidad y Consumo.." para concluir "que la campaña muestra una escasa capacidad para modificar actitudes sociales hacia el tema de las drogas".

No se puede negar, sin embargo, la importancia que tiene la información a la hora de llevar a cabo la educación sobre las drogas. Pero conviene distinguir una y otra para no caer en falsos errores que dificultan más la tarea educativa. Por información se entiende la mera transmisión de conocimientos sobre determinados hechos o la enseñanza de una técnica para la adquisición de los mismos. Sus elementos principales suelen ser datos sobre las drogas, información sobre la legislación y explicación de los recursos disponibles a nivel preventivo y terapéutico. La educación, por su parte, pretende ir más allá de la simple transmisión de conocimientos, para conseguir actitudes sanas y estimular hábitos ajenos al abuso de las drogas. Todavía hoy, sin embargo, se confunden información y educación, más en la práctica que en la teoría.

Poco a poco se ha visto, con la experiencia de estos años pasados, que "la educación definida como una información seleccionada, transmitida de un modo indiscriminado y acompañada de unas exhortaciones explícitas, ha caído en desgracia. Se la ha juzgado ineficaz, cuando no contraproducente, en muchos casos. Al perder su predicamento, se han puesto en tela de juicio todos los tipos de información y de educación como estrategias de prevención eficaces. No se ha dado una oportunidad ni a la información ni a una educación coherente, en su actuación o en su contenido, con los mejores principios de la ciencia del comportamiento" (Nowlis, 1982).

Hace tiempo que la OMS alerta ante planteamientos simplistas que prentende resolver problemas complejos y evidentemente mal conocidos con "inyecciones" de información. "Con frecuencia se ha dicho que la farmacodependencia podría evitarse mediante sencillos programas de información al público; por desgracia, no existen pruebas en favor de esta información optimista y en cambio hay muchas razones para dudar de ella" (Oms, 1971). Y señala en otro informe técnico posterior: "Por exacta, convincente o adecuada que sea, la información por sí sola no influirá necesariamente sobre el comportamiento hasta que el individuo no la relacione con sus experiencias, percepciones, sentimientos, valores y modo de vida propios... La información relativa al uso de las drogas no debe presentarse a grupos numerosos, o incluso más pequeños, sin dar a los individuos interesados la oportunidad de discutir con una persona bien informada en un grupo suficientemente reducido para establecer una comunicación eficaz en ambos sectores, es decir, sin adoptar un criterio más educativo que informativo" (Oms, 1974).

Por supuesto, ésto no se puede conseguir si no existe un plan integral de actuación sobre las drogas que actúe tanto sobre la oferta como sobre la demanda con los recursos materiales y humanos adecuados. Hay que evitar al mismo tiempo no pocas dificultades si se quieren conseguir los objetivos propuestos, pues como señala la Unesco (1972),

La información que pretenda ser educativamente válida debe tener en cuenta los métodos y técnicas que permitan una comunicación eficaz y una modificación de las actitudes. En este sentido, habrá que tener en cuenta la credibilidad del autor, el mensaje transmitido y el destinatario de la comunicación (Nowlis, 1982). El objetivo final es que tanto los jóvenes como los adultos puedan hacer elecciones responsables. Esto exige que el individuo disponga no sólo de una adecuada información, sino también de habilidades para tomar decisiones con las que procesar la información existente o la nueva información de que se disponga. Esta elección responsable exige, al mismo tiempo, que un individuo sea al menos consciente y capaz de enfrentarse con tareas normales en el desarrollo del individuo como formular la propia identidad, desarrollar las habilidades interpersonales, participar en la construcción de alternativas y aceptar la responsabilidad social.

Es decir, que no basta la información, si, al mismo tiempo, el individuo no dispone de los métodos adecuados para "dirigirla". En este sentido, tal como señala la Oms, "la información por sí sola no influirá necesariamente sobre el comportamiento hasta que el individuo no la relacione con sus experiencias, sentimientos, valores y modo de vida propio" (Oms, 1974).

Estos planteamientos muchas veces parecen olvidados a la hora de poner en marcha diferentes campañas, y se caen een no pocas contradiciones que convendría analizar. No conviene olvidar que no es lo mismo vender productos comerciales que hábitos saludables, al mismo tiempo que se tiene en cuenta que no se dedican los mismo medios y recursos, constatación que resulta fácil de ver (Exposito, 1994; Zulueta, 1994). Al mismo tiempo, conviene tener en cuenta la desconfianza de las personas hacia las acciones institucionales así como la posibilidad de obtener resultados opuestos a los planteados al provocar más curiosidad o crispación que prevención y solidaridad, ya que se refuerzan los tópicos existentes.


3. El poder controlador de la publicidad


Resulta curioso constatar cómo esas mismas empresas que colaboran en campañas de tipo preventivo en relación con las drogas, no tiene empacho alguno en contribuir al mismo tiempo en la publicidad de cualquier producto capaz de crear dependencia. Incluso, en ocasiones, por iniciativa propia, organizan campañas contra la droga como obra "bénefica" en espacios y tiempos libres dentro de su negocio millonario. Tampoco conviene olvidar que son las propias empresas dedicadas a promocionar productos como alcohol, tabaco, etc., quienes lanzan las campañas "preventivas" (Vega, 1983; Exposito, 1994).

Mientras nuestra sociedad vive preocupada por la "droga" y se ponen en marcha todo tipo de programas y servicios, el gran negocio de las sustancias legales dispone de abundantes recursos y estrategias para defender y progagar sus intereses, entre los que destaca la publicidad de sus productos a través de los medios de comunicación social. Precisamente "el triunfo de la publicidad en la industria cultural consiste en hacer que los consumidores se sientan obligados a comprar y usar sus productos aunque sepan lo que se oculta tras ellos", señalan Adorno y Horkheimer (1986).

Resulta curioso que el valor "salud" sea el más utilizado por la publicidad en la revistas de mayor difusión en el año 1989 (Lopez y otros, 1990), como puede verse en el cuadro adjunto:

VALOR CULTURAL ARGUMENTADO EN EL TEXTO

n %
Salud(peso ideal) 370 21,22
Salud (en general) 282 16,17
Bienestar 222 12,73
Producto "natural" 204 11,70
Prestigio de marca 199 11,41
Valor nutritivo 162 9,29
Prestigio social 125 7,27
Belleza 77 4,41
Modernidad 56 3,21
Cocina rápida 47 2,69
1.744 100,00

Pero llama más la atención constatar que esta valor "salud" se utilice precisamente para vender bebidas alcohólicas, medicamentos y tabaco, entre otros productos, como puede verse en el cuadro siguiente:

PRODUCTO, TÉCNICA O SERVICIO ANUNCIADO

n %
Bebidas alcohólicas 483 28,00
Alimentos 423 24,40
Fármacos o asimilados 335 19,30
Tabaco 177 10,30
Bebidas no alcohólicas 148 8,60
Medidas mejoramiento físico o estético 86 5,00
Técnicas adelgazamiento 53 3,10
Bebidas alcohólicas+no alcohól 20 1,20
Otros 1 0,10
TOTAL 1.726 100,OO

También hay que tener en cuenta la fuerza y calidad de los anuncios que estos mismos medios de información ofrecen continuamente, sobre todo, del alcohol y el tabaco, anuncios que provocan y mantienen su gran aceptación entre el público frente a los anuncios de tipo de preventivo. Precisamente a partir de esta constatación en su estudio, Jiménes, Bejarano, Segura (1991) cuestionan si es razonable dedicar recursos, de por sí escasos, en medios de comunicación de alto costo, cuando la relación es desfavorable para las campañas preventivas. Precisamente en nuestro país, en la revisión de Cardenas (1991) aparece claro que la televisión y la publicidad "configuran un mensaje alcohólico global claramente positivo". Según esta autora, desde las perspectivas de la teoría del Aprendizaje Social, estos mensajes favorecen un aprendizaje incidental del consumo del alcohol. Desde la teoría cognitiva, estos mensajes contribuyen "a la aceptación e integración del alcohol como elemento positivo y deseable, así como al mantenimiento de un entorno favorecedor y permisivo que validará el consumo de esta sustancia".

Clark (1988) recuerda cómo los anuncios disponen de "una gran riqueza de imágenes temáticas" y asocian el consumo de drogas (tabaco) " a las últimas modas en el estilo de vida, de vestido, y los espectáculos" y relacionan su consumo "con el vigor juvenil, el éxito social, sexual, profesional, la inteligencia, la belleza, la sofisticación, la independencia, la masculinidad y la femeneidad".

Conviene recordar finalmente cómo hoy los medios de comunicación incumplen en pocas ocasiones las legislación vigente a la hora de vender sus productos con campañas agresivas de todo tipo y con la ocupación de todo tipo de espacios y tiempos como puede ser en el interior de las emisiones. Como señala la revista Eroski (1991), los medios de comunicación, especialemente radio y TV, obsesionados por captar audiencias masivas que permitan absorber más y más publicidad que los financie, programan sólo entretenimiento popular...La administracción dicta leyes que no se cumplen. Este es el escenario en que la publicidad se interpreta hoy. Precisamente la explotación publicitaria de los medios es una de las estrategiaas básicas de los principales grupos de comunicación españoles (Noticias, 1992).


4. Responsabilidad educativa de los medios de comunicación social


Sin embargo, nadie niega hoy que la prensa pueda y deba tener una responsabilidad educativa ante la problemática actual de las drogas, tanto de las legales como de las ilegales. Los medios de comunicación social deben informar con objetividad de los problemas que presenten, sin actitudes moralizantes ni condenatorias.

Educar en el contexto de los mass media, señala Taddei (1979), significa, prácticamente, liberar de la masificación. Por consiguiente, la razones de la educación para la imagen ( y con la imagen) se reducen a la necesidad que tiene el hombre contemporáneo de ser libre - o libertad de la masificación imperante en los mass media-, masificación que percibe menos cuanto más crece aquella y le anula su verdadera personalidad.

La educación a través de los mass media exige, también, resolver las propias contradiciones internas, entre las que destaca, de forma especial, el ser la base publicitaria del alcohol, el tabaco y los medicamentos, es decir, las drogas de uso legal.

Al mismo tiempo, no debe caerse en los errores tanta veces achacados a los medios de comunicación social, en aras de la objetividad. Por ello conviene siempre que estos medios:

Todo esto nos lleva a la necesidad de una política de información que preste coherencia a la tarea educativa de los medios de comunicación social. En este sentido, se puede decir que estos medios también necesitan disponer de un "proyecto educativo" en relación con las drogas, si de verdad quieren cumplir con este compromiso social.

La Unesco (1975), hace tiempo que ofrece una serie de directrices que pueden orientar las intervenciones educativas ante las drogas de los medios de comunicación social. Nos indica así unas necesidades básicas:

Los medios de comunicación social recurrirán a los métodos y técnicas que permitan una comunicación eficaz, teniendo en cuenta la credibilidad del autor, el mensaje transmitido y el destinatario de la comunicación (Nowlis, 1982). Y siempre, la información que se ofrezca ha de ser, como señala el Consejo de Europa (Conseil de l'Europe, 1982) pertinente, comprensible, atrayente, objetiva y creible. El objetivo final es conseguir que los individuos puedan tomar decisiones responsables ante las drogas, sean legales o ilegales.

Precisamente con este objetivo, el SAODAP (Executive office of the president, 1974) ofrece una serie de orientaciones que permanecen siendo válidas. Por una parte, señala una serie de mensajes que han demostrado ser contraproducentes y que, por lo tanto, deben ser excluidos en la información:

Por otra parte, recoge una serie de mensajes a transmitir en la información:

Aparece así la necesidad de llevar a cabo una nueva información sobre las drogas y sus efectos, apoyada en la objetividad, sin perder de vista la complejidad de la problemática actual del consumo de las drogas. Como objetivos generales de esta "nueva política" de actuación se pueden señalar:

  1. centrar la atención en todos los aspectos del problema de las drogas, no en aspectos parciales;

  2. crear un clima de opinión entre la gente y, en especial entre los jóvenes, de que el abuso de las drogas no es atractivo y ofrece soluciones falcas a los problemas;

  3. equipar a la población con una información objetiva de la problemática de las diferentes drogas;

  4. informar a la gente de la necesidad de programas educativos y reducativos así como de la urgencia de servicios de apoyo a la prevención y al tratamiento.

Las actividades informativo-educativas sobre las drogas que pueden llevar a cabo los medios de comunicación social pueden ser, en este sentido, muy variadas. Pero la más importante es que siempre que la noticia sobre las drogas aparezca en los medios de comunicación social sin dramatismos y con la mayor objetividad posible, teniendo en cuenta la variedad de elementos que en ella intervienen, de forma que el consumidor de información quede más enriquecido para tomar sus propias decisiones.



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Referencias Bibliográficas


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